4 sept 2007

Petición




Vestime de amor
que estoy desnuda;
que estoy como ciudad
-deshabitada-
sorda de ruidos,
tiritando de trinos,
reseca hoja quebradiza de marzo.
Rodeame de gozo
que no nací para estar triste
y la tristeza me queda floja
como ropa que no me pertenece.
Quiero encenderme de nuevo
olvidarme del sabor salado de las lágrimas
-los huecos en los lirios,
la golondrina muerta en el balcón-.
Volver a refrescarme de brisa risa,
reventada ola
mar sobre las peñas de mi infancia,
astro en las manos,
linterna eterna del camino hacia el espejo
donde volver a mirarme
de cuerpo entero,
protegida
tomada de la mano,
de la luz,
de grama verde y volcanes;
lleno mi pelo de gorriones,
dedos reventando en mariposas
el aire enredado en mis dientes,
retornando a su orden
de universo habitado por centauros.
Vestime de amor
que estoy desnuda.

Gioconda Belli

26 jul 2007


El pasillo carecía de luz, y el padre Severino, apoyándose en una pared para orientarse, empujó a Justina por delante. Pasandole un brazo por la cintura, deslizó la otra mano por entre sus piernas y exploró las partes púdicas hasta que localizó el altar de Venus. Allí aferró su mano hasta que llegaron a la escalera que conducía a una habitación que estaba dos pisos más abajo de la iglesia. El cuarto estaba espléndidamente iluminado, y amueblado con gran lujo. Pero Justina apenas observó lo que la rodeaba pues sentados alrededor de una mesa en el centro de la sala se encontraban otros tres frailes y cuatro muchachas...¡los siete totalmente desnudos! -Caballeros -anunció el padre Severino-, nuestra compañía se verá honrada esta noche por la presencia de una muchacha que lleva a la vez en el hombro la marca de la prostituta y en el corazón la candidez de un infante, y que encierra todo su ser en un templo cuya magnificencia es un deleite contemplar. -Y pasando por detrás de ella, encerró sus senos entre las manos-. (...)

Entonces, una vez pasado aquel instante de brutalidad, volvió a sitiar la ciudadela, apretando, ensanchando y empujando a la fuerza una y otra vez hasta que, finalmente, el baluarte cayó. Un horrendo grito de agonía llenó la sala cuando el monstruo invasor desgarró los intestinos de la joven. Palpitante y agitado, el escurridizo reptil lanzó hacia adelante su veneno y después, privado de su rigidez, se rindió a los frenéticos esfuerzos de la joven para expulsarlo. El padre Severino lívido de furor al verse imposibilitado para mantener el asedio, cayó al suelo inconsolable. (...)

18 jul 2007

Escoriaciones


Herida que queda, luego del amor, al costado del
cuerpo.
Tajo profundo, lleno de peces y bocas rojas,
donde la sal duele, y arde el yodo,
que corre todo a lo largo del buque,
que deja pasar la espuma,
que tiene un ojo triste en el centro.
En la actividad de navegar,
como en el ejercicio del amor,
ningún marino, ningún capitán,
ningún armador, ningún amante,
han podido evitar esa suerte de heridas,
escoriaciones profundas, que tienen el largo del
cuerpo
y la profundidad del mar,
cuya cicatriz no desaparece nunca,
y llevamos como estigmas de pasadas
navegaciones,
de otras travesías. Por el número de escoriaciones
del buque, conocemos la cantidad de sus viajes;
por las escoriaciones de nuestra piel,
cuántas veces hemos amado.


"Descripción de un naufragio" 1975
Cristina Peri Rossi

19 jun 2007

Amantes


" Somos como son los que se aman.
Al desnudarnos descubrimos dos monstruosos
desconocidos que se estrechan a tientas,
cicatrices con que el rencoroso deseo
señala a los que sin descanso se aman:
el tedio, la sospecha que invencible nos ata
en su red, como en la falta dos dioses adúlteros.
Enamorados como dos locos,
dos astros sanguinarios, dos dinastías
que hambrientas se disputan un reino,
queremos ser justicia, nos acechamos feroces,
nos engañamos, nos inferimos las viles injurias
con que el cielo afrenta a los que se aman.
Sólo para que mil veces nos incendie
el abrazo que en el mundo son los que se aman
mil veces morimos cada día. "


4 may 2007

Final de Juego


Y sí, parece que es así, que te has ido diciendo no sé qué cosa, que te ibas a tirar al Sena, algo por el estilo, una de esas frases de plena noche, mezcladas de sábana y boca pastosa, casi siempre en la oscuridad o con algo de mano o de pie rozando el cuerpo del que apenas escucha, porque hace tanto que apenas te escucho cuando dices cosas así, eso viene del otro lado de mis ojos cerrados, del sueño que otra vez me tira hacia abajo. Entonces está bien, qué me importa si te has ido, si te has ahogado o todavía andas por los muelles mirando el agua, y además no es cierto porque estás aquí dormida y respirando entrecortadamente, pero entonces no te has ido cuando te fuiste en algún momento de la noche antes de que yo me perdiera en el sueño, porque te habías ido diciendo alguna cosa, que te ibas a ahogar en el Sena, o sea que has tenido miedo, has renunciado y de golpe estás ahí casi tocándome, y te mueves ondulando como si algo trabajara suavemente en tu sueño, como si de verdad soñaras que has salido y que después de todo llegaste a los muelles y te tiraste al agua. Así una vez más, para dormir después con la cara empapada de un llanto estúpido, hasta las once de la mañana, la hora en que traen el diario con las noticias de los que se han ahogado de veras.Me das risa, pobre. Tus determinaciones trágicas, esa manera de andar golpeando las puertas como una actriz de tournées de provincia, uno se pregunta si realmente crees en tus amenazas, tus chantajes repugnantes, tus inagotables escenas patéticas untadas de lágrimas y adjetivos y recuentos. Merecerías a alguien más dotado que yo para que te diera la réplica, entonces se vería alzarse a la pareja perfecta, con el hedor exquisito del hombre y la mujer que se destrozan mirándose en los ojos para asegurarse el aplazamiento más precario, para sobrevivir todavía y volver a empezar y perseguir inagotablemente su verdad de terreno baldío y fondo de cacerola. Pero ya ves, escojo el silencio, enciendo un cigarrillo y te escucho hablar, te escucho quejarte (con razón, pero qué puedo hacerle), o lo que es todavía mejor me voy quedando dormido, arrullado casi por tus imprecaciones previsibles, con los ojos entrecerrados mezclo todavía por un rato las primeras ráfagas de los sueños con tus gestos de camisón ridículo bajo la luz de la araña que nos regalaron cuando nos casamos, y creo que al final me duermo y me llevo, te lo confieso casi con amor, la parte más aprovechable de tus movimientos y tus denuncias, el sonido restallante que te deforma los labios lívidos de cólera. Para enriquecer mis propios sueños donde jamás a nadie se le ocurre ahogarse, puedes creerme.Pero si es así me pregunto qué estás haciendo en esta cama que habías decidido abandonar por la otra más vasta y más huyente. Ahora resulta que duermes, que de cuando en cuando mueves una pierna que va cambiando el dibujo de la sábana, pareces enojada por alguna cosa, no demasiado enojada, es como un cansancio amargo, tus labios esbozan una mueca de desprecio, dejan escapar el aire entrecortadamente, lo recogen a bocanadas breves, y creo que si no estaría tan exasperado por tus falsas amenazas admitiría que eres otra vez hermosa, como si el sueño te devolviera un poco de mi lado donde el deseo es posible y hasta reconciliación o nuevo plazo, algo menos turbio que este amanecer donde empiezan a rodar los primeros carros y los gallos abominablemente desnudan su horrenda servidumbre. No sé, ya ni siquiera tiene sentido preguntar otra vez si en algún momento te habías ido, si eras tú la que golpeó la puerta al salir en el instante mismo en que yo resbalaba al olvido, y a lo mejor es por eso que prefiero tocarte, no porque dude de que estés ahí, probablemente en ningún momento te fuiste del cuarto, quizá un golpe de viento cerró la puerta, soñé que te habías ido mientras tú, creyéndome despierto, me gritabas tu amenaza desde los pies de la cama. No es por eso que te toco, en la penumbra verde del amanecer es casi dulce pasar una mano por ese hombro que se estremece y me rechaza. La sábana te cubre a medias, mis manos empiezan a bajar por el terso dibujo de tu garganta, inclinándome respiro tu aliento que huele a noche y a jarabe, no sé cómo mis brazos te han enlazado, oigo una queja mientras arqueas la cintura negándote, pero los dos conocemos demasiado ese juego para creer en él, es preciso que me abandones la boca que jadea palabras sueltas, de nada sirve que tu cuerpo amodorrado y vencido luche por evadirse, somos a tal punto una misma cosa en ese enredo de ovillo donde la lana blanca y la lana negra luchan como arañas en un bocal. De la sábana que apenas te cubría alcanzo a entrever la ráfaga instantánea que surca el aire para perderse en la sombra y ahora estamos desnudos, el amanecer nos envuelve y reconcilia en una sola materia temblorosa, pero te obstinas en luchar, encogiéndote, lanzando los brazos por sobre mi cabeza, abriendo como en un relámpago los muslos para volver a cerrar sus tenazas monstruosas que quisieran separarme de mí mismo. Tengo que dominarte lentamente (y eso, lo sabes, lo he hecho siempre con una gracia ceremonial), sin hacerte daño voy doblando los juncos de tus brazos, me ciño a tu placer de manos crispadas, de ojos enormemente abiertos, ahora tu ritmo al fin se ahonda en movimientos lentos de muaré, de profundas burbujas ascendiendo hasta mi cara, vagamente acaricio tu pelo derramado en la almohada, en la penumbra verde miro con sorpresa mi mano que chorrea, y antes de resbalar a tu lado sé que acaban de sacarte del agua, demasiado tarde, naturalmente, y que yaces sobre las piedras del muelle rodeada de zapatos y de voces, desnuda boca arriba con tu pelo empapado y tus ojos abiertos.
Final de Juego

12 mar 2007

Final


Cansada del juego, dejó de forcejear y le abrió sus piernas. Igual supo que no iba a hacer el amor con él, mas bien... pulseaba.
No se dejó tomar.
No se dejó besar.
No se dejó abrazar.
Lo apartaba sistemáticamente y no quería el mas mínimo gesto - ni palabra- de ternura.
Ella lo montó, ella entró en él, ella marcó el ritmo y la cadencia de sus embates.
Solo se puso de espaldas para que se derrame dentro suyo como un recipiente para la ofrenda. Quedó con la vista fija en el techo sintiéndolo moverse dentro -nerviosamente-, buscando ese lugar donde nace lo que estremece -infructuosamente-, y de esa manera lo supo.
Lo que ella negó con palabras, no pudo desmentirlo el cuerpo.
Cerró los ojos con fuerza y en ese último estertor -que no era de ella-, deseó en aquellas sombras, a un fantasma.

...te saborearé


"Cómo deseé ser aquella inocente pieza de acero inoxidable cuando se llevó la cucharada de sopa a los labios. Habría cambiado toda la sangre de mi cuerpo por medio litro de caldo vegetal. Déjame ser un taco de zanahoria o un fideo para que me metas en tu boca. Tuve envidia del panecillo. La miré partir y untar cada trocito con mantequilla, empaparlo lentamente en el tazón, dejar que se volviera grueso y grávido, que se hundiese bajo el peso rojo oscuro y que resucitara al glorioso placer de sus dientes.(...)Las patatas, el apio, los tomates, todo había pasado por sus manos. Cuando me tomé la sopa la filtré para saborear su piel. Había estado allí, debía quedar algo de ella. La encontraría en el aceite y las cebollas, la detectaría a través del ajo. Sabía que había escupido en la sartén para ver si el aceite estaba a punto. Es un viejo truco, todos los chefs lo hacen, o lo hacían. Y supe, cuando le pregunté qué había en la sopa, que había suprimido el ingrediente fundamental. Te saborearé, aunque sea a través de tu cocina. "


Jeanette Winterson
Escrito en el cuerpo
(fragmento)

28 feb 2007

La Ninetta del Verziere


¡Pero sí! para decirlo exactamente, en cuanto a mi , esta exigencia no sabría explicarla... Sé que me sentía hervir la sangre, que tenía un gran deseo de excitarlo y al mismo tiempo sentía vergüenza. Sé incluso que me desenredaba en el beso, y sé que cuando él me tocaba la frente me sumergía de placer como una galleta... "


Carlo Porta
La Ninetta del Verziere (fragmento)"

La madre de todas las santas


Quien desea follarse a Catalina,
Para que lo comprenda la gente docta
Debe decir vulva, vagina
Y seguir con coño y potta.
Pero nosotros los grandes desgraciados
Decimos celda, superchería, gorrioncita,
Hendida, hendidura, fisura, agujero, gruta,
Estupidez, higo, zapatilla, guitarra,
Rata, piscinita, funda, buñuelo,
Pajarita, espuerta, peluca, varpelosa
Alcantarilla, gatera, ventanilla,
Pitita, aquel-hecho, aquella-cosa,
Orinal, entrepierna, caracolillo,
La-jaula-del-pitito y la-jugosa.
Y para completar,
Alguien la llama vergüenza, alguien naturaleza,
Alguien porquería, orzuelo y sepultura. "


Giuseppe Gioacchino Belli
"La madre de todas las santas"

La transparencia


" Invadido de voluptuosidad y de una suerte de terror sagrado, el muchacho contempló la flor injertada entre los senos y mecida por un oleaje poderoso, y la textura granulada de la piel aquí y allá perlada de brillantes gotitas, y percibió mezclado a su perfume el emocionante olor de sus axilas, un olor amargo y vegetal que le llegaba desde oscuras selvas y que él aspiró profundamente para acumular en sus pulmones algo de ella en la atmósfera corrupta, algo precioso, consciente de una floja pero dulcísima erección. "


Antonio Rabinad
La transparencia
(fragmento)

27 feb 2007

Desire


My hands are tied
My body bruised, she´s got me with
Nothing to win and
Nothing left to lose

And you give yourself away
And you give yourself away
And you give
And you giveAnd you give yourself away...

With or without you
U2 The Joshua Tree

25 feb 2007

Trópico de Cancer


" La subo sobre mí y, mientras las cuerdas me resuenan en los oídos; la habitación está obscura y la alfombra pegajosa con el kümmel derramado por todas partes. De pronto, parece como si se acercara la autora: es como agua arremolinándose sobre el hielo y el hielo está azul con la bruma que se alza, glaciares hundidos en verde esmeralda, gamuza y antílope, meros dorados, morsas retozando y el ambarino lucio saltando sobre el círculo ártico… Elsa está sentada en mis rodillas. Sus ojos son como ombligos diminutos. Miro su enorme boca, tan húmeda y brillante, y la cubro con la mía. "

Henry Miller
Trópico de Cáncer
(fragmento)

21 feb 2007

Desnuda


Amo tu desnudez
porque desnuda me bebes con los poros,
como hace el agua cuando entre sus paredes me sumerjo.

Tu desnudez derriba con su calor los límites,
me abre todas las puertas para que te adivine,
me toma de la mano como un niño perdido
que en ti dejara quietas su edad y sus preguntas.

Tu piel dulce y salobre que respiro y que sorbo
pasa a ser mi universo, el credo que me nutre;
la aromática lámpara que alzo estando ciego
cuando junto a las sombras los deseos me ladran.

Cuando te me desnudas con los ojos cerrados
cabes en una copa vecina de mi lengua,
cabes entre mis manos como el pan necesario,
cabes bajo mi cuerpo más cabal que su sombra.

El día en que te mueras te enterraré desnuda
para que limpio sea tu reparto en la tierra,
para poder besarte la piel en los caminos,
trenzarte en cada río los cabellos dispersos.

El día en que te mueras te enterraré desnuda,
como cuando naciste de nuevo entre mis piernas. "

Roque Dalton
Desnuda, de El turno del ofendido

20 feb 2007

Un asunto personal


" Lentamente, Bird se quitó su sudorosa ropa y se recostó sobre la gastada cobija. Apuntalando su cabeza sobre sus dos puños miró con los ojos entrecerrados la panza sobre su vientre y su blancuzco e insuficientemente erecto pene. Himiko, con la puerta de vidrio del baño abierta de par en par, se reclinó de espaldas sobre el escusado, abrió de par en par sus muslos y bañó sus genitales con agua de un gran cántaro que sostenía en una mano. Bird la miró desde la cama un rato y supuso que esta era una sabiduría obtenida por relaciones sexuales con extranjeros. Luego volvió a mirar con calma su propia barriga y pene, y esperó. (...)Respirando fuerte, saludablemente, Himiko miró hacia abajo a Bird y siguió secándose los costados y el pecho entre sus senos. Parecía estar especulando sobre el significado oculto en las palabras de Bird. El olor de su cuerpo hacía venir recuerdos agudos de veranos universitarios y Bird aguantó la respiración; la piel tostándose en el sol. Himiko arrugó su nariz como un cachorro de spaniel y rió con una carcajada simple y seca. Bird se puso escarlata. "


Kenzaburo Oe
Un asunto personal
(fragmento)

18 feb 2007

Travesía


Antes de conocer su tristeza yo le decía
estás en el libro que leo
tu carne borra las letras de todo libro
intento que tu cuerpo sea más hermoso que cualquier
abrazo que haya podido dar
que cualquier ruido que haya podido asustarme en el
pantano de la noche
que cualquier partida de dados
que cualquier sueño por el que haya apostado
trato de mirar el libro como lo miraría tu cuerpo.
Antes de conocer su tristeza
yo le hablaba de sus costumbres lujosas asestadas en
pleno día
sus costumbres inagotables de hermosa parturienta
su boca más despierta que todos los lenguajes.
Cuerpo vivo
entreabierto
todo te llega como una vieja dolencia.



Paso mi vida en tu vida
así como los condenados pasan sobre los rostros
queridos
lo que no hicieron
lo que no pudieron conocer
así como tu cuerpo está escrito en todos los libros.

Estoy bajo la noche
bajo el olor profundo del barco
puedo morir o sobrevivir
sin recuerdos ni excusas
en la miseria de esta gente
entre gritos y ropas desgarradas
abandonarme en la tormenta
Estoy en su cuerpo como en una travesía
como en una tela de araña
como en el plumaje de las drogas sagradas
sin más destino que crecer entre sus dientes
entreabiertos.



Viajo por su cuerpo como por una sonrisa
abro sus ojos como en un río
encuentro sus ojos de marea en marea
alejo lo que no me pertenece.
Estamos solos en casas desconocidas
en otras ciudades
son otras las caras que olvidamos
cuando toco su cuerpo
otros los olores que nos enloquecen.
Mi cuerpo está en el suyo como en un naufragio
como en un puente sobre mis sentidos
podemos morir o sobrevivir
y veo mi vida sin mirarla
sin recordar lo que me aterra.



Puedo morir o sobrevivir
en el furor que se despierta
en el agua en la noche en su cuerpo.
Miro dentro suyo y no veo sino mi vida
otros viajes lentos como en una siesta
como otros países
como otras costumbres y lenguajes.
Estoy bajo cubierta
un loco se arrastra por el piso y canta
quisiera tener miedo ahora
la cara helada por el viento y el agua
y golpear y caer en la cubierta húmeda.
Estoy junto a su cuerpo salado
lo encuentro de marea en marea
toco sus ojos como un loco
toco sus ojos como un asesino.



Esos son los ojos que amas
ella está a tu lado
hace tanto que no se abandona
las plazas las calles los rincones
aquella habitaciónla niebla y las mañanas
algunos días o momentos giran alrededor de tu vida
palabras absolutas que se escucharon o dijeron
giran alrededor de tu vida
son las cosas que tocas sin saberlo
lo que ves sin saberlo
lo que encuentras en cada gesto son sus ojos
y ves por sus ojos sin saberlo
sin recordar lo que te aterra.


Los que miran y están a su lado como lenguas
ardientes
sin ser ella misma ni parte de ella ni de su vida
terrestre
pero giran alrededor de su vida y sus vestiduras
y costumbres
llevan sus ademanes
ah, su cabeza vuela.



Ahora ahora
si se enciende el camino
si nada nos es negado
si estas gotas de incienso son la luz
los ojos de los amantes que no se matarían por amor
ojos ligeramente explosivos
que no morirían sino por distracción.
Tanta simiente tanta luz
puede venir el verano y devorar todo esto.
De pronto soy otro
nada de lo que he vivido
ningún recuerdo me convierte en otro
pero soy otro
soy el lenguaje entre tu cuerpo y la noche
soy el lenguaje
entre lo que se va hacia otras habitaciones y
aventuras
y lo que permanece
para durar en su cuerpo
y ella conoce lo que permanece
es parte de su cuerpo
lo lleva en cada movimiento
cuando camina cuando mira
cuando camina en el verano bajo el sol
y lleva ese lenguaje
donde se dieron la dicha los olores
los descubrimientos los abrazos
las repentinas simpatías
y ella lleva su cuerpo
como una alcoba donde se han dicho los secretos
las cosas graves que llenan el mundo
o lo vacían de pronto.



Soy otro
otro junto a su cuerpo
mis manos son las mismas
y mi boca
pero tocan su cuerpo como un loco
tocan su cuerpo como un asesino.





Gianni Siccardi

15 feb 2007

Ella, la otra


Ahí en la entrepierna, ahí abajo mis ganas (no me gusta la palabra deseo) te espera latente –no agazapadas sino latiendo-. Mi otra boca, ella, rebalsa en su apetito y tiene el oficio de ser ágil y exacta, flexible y religiosa, es la pirámide de un resplandor de oxígeno al que le gusta usar mis bombachas. Tiene miles de años de elegancia y de músculos, sabe batir tu sangre hasta sentirla derramarse tibia, blanca y hasta se le antoja agridulce. Quiero que sepas que tu estremecimiento allí, es la causa de las palabras locas que en esos momentos se me escapan graciosas en el ridículo idioma que hablo desde bebé. Mis entrañas tienen la marca del origen. Pero tu lengua me dice cosas extraordinarias y hace que se me llenen las orejas del ardor de los fósforos. Y todo lo que hagas sobre mí, va siempre hacia abajo. Ahí se forman las arrugas, y ella aprende, coronada, cómo abrirse. Tan despierta y profunda como un túnel enllamarado me hace creer que llega hasta mi centro, llega a cada rincón de mi lado de adentro que siempre es parecido al tugurio, al burdel que se mueve al compás de todo acople. Ella parece un párpado oliendo tu medida en centímetros. Sabe y bendice el vértigo que nos crece, ella es un estado de luz y de sombra. Pero podés verla azul a la luz de la tele o de la luna. A veces creo que es negra, o rosa. No sé. Su color y su forma, dicen, se explica en que tiene circulación lenta, estremecida y en que se abre al desamparo de cualquier dormitorio, como si comprendiese. Suda como la sábana, palpita como un trago y de sólo rozarla con la mano podés ver su tornasol, su textura como de terciopelo. Cuando estés con ella, invitala a bailar lento, le gusta.


11 feb 2007

Frida y Diego


Diego:
Nada comparable a tus manos ni nada igual al oro-verde de tus ojos.
Mi cuerpo se llena de ti por días y días.
Eres el espejo de la noche.
La luz violeta del relámpago.
La humedad de la tierra.
El hueco de tus axilas es mi refugio.
Toda mi alegría es sentir brotar la vida de tu fuente-flor que la mía guarda para llenar todos los caminos de mis nervios que son los tuyos.
Mi Diego:
Espejo de la noche. Tus ojos espadas verdes dentro de mi carne, ondas entre nuestras manos.
Todo tú en el espacio lleno de sonidos - En la sombra y en la luz.
Tú te llamarás Auxocromo el que capta el color. Yo Cromoforo - La que da el color.
Tú eres todas las combinaciones de números. La vida.
Mi deseo es entender la línea la forma el movimiento. Tú llenas y yo recibo.
Tu palabra recorre todo el espacio y llega a mis células que son mis astros y va a las tuyas que son mi luz.

Carta de Frida Khalo a Diego Rivera, 1932

24 ene 2007

La unión libre (fragmento)

Mi mujer de cabellera de fuego de madera
De pensamientos de relámpagos de calor
De cintura de reloj de arena
Mi mujer de cintura de nutria entre los dientes del tigre
Mi mujer de boca de escarapela y de ramo de estrellas de última magnitud
De dientes de huellas de ratón blanco sobre la tierra blanca
De lengua de ámbar y de vidrio frotados
Mi mujer de lengua de hostia apuñalada
De lengua de muñeca que cierra y abre los ojos
De lengua de piedra increíble
Mi mujer de pestañas de palotes de escritura infantil
De cejas de borde de nido de golondrina
Mi mujer de sienes de pizarra de techo de invernadero
Y de vaho en los vidrios
Mi mujer de hombros de champaña
Y de fuente con cabezas de delfines bajo el hielo
Mi mujer de muñecas de cerillos
Mi mujer de dedos de azar y de as de corazones
De dedos de heno cortado
Mi mujer de axilas de marta y de hayucos
De noche de San Juan
De ligustro y de nido de escalares
De brazos de espuma de mar y de esclusa
Y de mezcla del trigo y del molino
Mi mujer de piernas de cohete
De movimientos de relojería y de desesperación
Mi mujer de pantorrillas de médula de saúco
Mi mujer de pies de iniciales
De pies de llaveros de pies de calafanes que beben
Mi mujer de cuello de cebada no perlada
Mi mujer de garganta de Valle de oro
De cita en el lecho mismo del torrente e pechos de noche
Mi mujer de pechos de topera marina
Mi mujer de pechos de crisol de rubíes
De pechos de espectro de la rosa bajo el rocío
Mi mujer de vientre de despliegue de abanico de los días
De vientre de garra gigante
Mi mujer de espalda de pájaro que huye vertical
De espalda de azogue
De espalda de luz
De nuca de canto rodado y de tiza mojada
Y de caída de un vaso en el que acaba de beberse
Mi mujer de caderas de barquilla
De caderas de lustro y de penas de flecha
Y de tronco de plumas de pavo real blanco
De balanza insensible
Mi mujer de nalgas de asperón y de amianto
Mi mujer de nalgas de espalda de cisne
Mi mujer de nalgas de primavera
De sexo gladiolo
Mi mujer de sexo de yacimiento de oro y de ornitorrinco
Mi mujer de sexo de alga y de bombones antiguos
Mi mujer de sexo de espejo
Mi mujer de ojos llenos de lágrimas
De ojos de panoplia violeta y de aguja imantada
Mi mujer de ojos de sabana
Mi mujer de ojos de agua para beber en la cárcel
Mi mujer de ojos de madera siempre bajo el hacha
De ojos de nivel de agua de nivel de aire de tierra y de fuego.

André Bretón

22 ene 2007

Lo virtual


Fede dice:
Tratando de sortear esas sutilezas de fuerza innegable, que han ido mellando un lazo que nació intempestivo, desde un regazo a veces incomodo como suele ser la soledad
Fede dice:
aun despues de cinco años, sigue tratando, adolescente incurable, de acunar la posibilidad de aun lejos, delirar que ella se hurga entre sus piernas y bajo la ropa, pensando en como el al otro lado de ese mundo a veces absurdo y a veces tan profundo el tambien se masturba incurable, eterno poseedor de fantasias por poseerla
Fede dice:
y ya que el tiempo imprime abismos, cada paso mas dificiles e intratables, sigue siendo el en su instinto, un buscador de la hembra que alli subyace, a veces escurridiza, a veces docil, nunca insignificante
Fede dice:
tocarse e imaginarse que ella se toca, que ella tambien desea jugar y en el deseo explayarse, en la palabra decirse al menos incompleta, extasiarlo y hacerla acabar, acabarse, en ese sentido ludico que implica tanta locura y tantos deseos indescifrables
Fede dice:
el territorio de la distancia y la noche, tan propicio para llevarnos por lugares prohibidos,
Fede dice:
tan desprovisto de un hacia donde, y tan vertiginosamente sugestivo
Fede dice:
dale tu nombre al juego una noche mas.
(f) dice:

..................

21 ene 2007

El catecismo de Dianus

" Debes saber en primer lugar que cada cosa que tiene un rostro manifiesto posee también uno oculto. Tu rostro es noble: tiene la verdad de los ojos con los que captas el mundo. Pero tus partes peludas, bajo el vestido, no tienen menos verdad que tu boca.
Esas partes, secretamente, se abren a la basura. Sin ellas, sin la vergüenza aneja a su empleo, la verdad que ordenan tus ojos sería avara. "


Georges Bataille
El catecismo de Dianus (fragmento)

18 ene 2007

La misma rutina

La historia está aquí.
Palabras Malditas
...una buena litera.

6 ene 2007

The libertine


Permítanme que sea franco en el comienzo: no les agradaré.
Los caballeros sentirán envidia y las damas repugnancia.
No les agradare ahora, y les agradaré muchísimo menos a medida que avancemos.
Damas, un anuncio: estoy pronto para eso todo el tiempo.

No es un alarde o una opinión. Es un hecho medico totalmente …rígido.Yo la meto, saben. Y me verán metiéndola y suspiraran anhelantes…no lo hagan. Es un problema para ustedes y estarán mejor observando y sacando sus conclusiones desde una distancia, que si tuvieran mi miembro debajo de sus enaguas.
Caballeros: no desesperen. Estoy pronto para eso también y la misma advertencia es pertinente. Apaciguen sus pobres erecciones hasta que haya dado mi opinión pero luego, cuando forniquen – y luego fornicarán - lo esperaré de ustedes y sabré si me han decepcionado.
Quiero que forniquen. Con mi imagen viril vibrando en sus gónadas.
Sientan como era para mí, como es para mí, y pregúntense:
“¿fue ese estremecimiento el mismo estremecimiento que él sintió?”
“¿conoció él algo mas profundo?
O hay alguna pared de deshicha que todos aporreamos con nuestras cabezas en ese luminoso momento infinito…?

Eso es todo.
Ese es mi prólogo.
Nada en rima, ninguna declaración de modestia.
No aguardaban eso, espero.
Soy John Wilmot, segundo conde de Rochester,
y no quiero agradarles.-


Mónologo inicial
"The Libertine"

11 dic 2006

J


El detuvo su auto antes de llegar a destino.
El afirmó -no dudó un instante- que ella sabía que la miraba, que la mira siempre.
El le preguntó si de verdad creía que era solo un niño. Dios. Eso le venía diciendo desde hace meses y meses, en esos corredores del lugar donde ambos trabajaban: "Sos un bebé, no dá..."
Ella sonrió (sabia que no lo era, o si -pero no importaba-).
El vió la señal, tomó su cara entre sus manos y la acercó a su boca, temblando. La besó mucho, mucho...salía de su boca y besaba sus párpados cerrados, la comisura de sus labios, su cuello, sus brazos...
Ella lo dejaba hacer y observaba su rostro casi perfecto, la sonrisa de publicidad, el cuerpo marcado, el pelo desprolijo por esos escarceos...su sexo duro apretando su costado.
Sintió sus pezones erectos, respiraba agitada... esa sensación de sentirse poderosa y esclava a la vez. Cada uno elige su propio infierno, solía decirse. Sería esta la próxima estación...?
Detuvo sus manos, mientras él la miraba entre frustrado y suplicante...si, era un niño.
Y la miraba como la mira siempre.
Ella se acercó despacio y le susurró al oído, mientras desabrochaba su camisa:
"no digas que no te avisé".
Esa noche de octubre todavía no terminaba, y ella que habia avisado, supo que habia niños que sabian querer como hombres, y que habia mujeres que -increiblemente- no habian dejado de ser niñas. Por suerte.

14 nov 2006

Intimidad


Le gusta subir, bajar una y otra vez, que la boca busque los
pezones y la mano investigue las texturas del escroto.
Le gusta (tanto) acariciarle las nalgas mientras está de rodillas
mamándosela.
Le gusta el amoroso uso que hacen de los lubricantes y las almohadas.
Le gusta la idea de follar en las ventanas.
Le gusta que la ensucie, que su esperma la empape como la tinta al papel.
Le gusta la agitación tierna y ansiosa del apareamiento.
Le gustan los instantes casi sáficos, los brutales, los dionisíacos.
Le gusta que el bombón se le derrita dentro del coño y él lo beba de sus muslos.
Le gustan sus horas animales.
Le gusta que la encule al amanecer.
Le gusta que la bese antes de penetrarla.
Le gusta que le mordisquee las vértebras.
Le gusta que se le mee encima en la ducha.
Le gusta notarse constantemente inflamada en los dominios de su placer.
Le gustan las opresiones placenteras, los besos que no dejan respirar.
Le gusta saber que folló con muchas mujeres.
Le gusta la idea de que pueda follar con otras mujeres.
Le gusta su cuerpo al trasluz.
Le gusta el tiempo que se toma para sorberle el coño como si exudara almíbar.
Le gusta hacer palabra, hacer amor, hacer sexo.
Le gusta que sea de salitre.
Le gusta que todo cuanto se adhiere a él huela a sexo.
Le gustan las oleadas. Las idas, las venidas, los regresos.
Le gustan los cien nombres con que la invoca.
Le gusta no estar de acuerdo con él en todo.
Le gusta sentirse adherida a él sin que pesen reglas sobre su vínculo.
Le gusta que la mutua pertenencia sea un acto de libre convencimiento.
Le gusta este sexo que es confluencia.
Le gusta el modo en que para que los cuerpos lleguen a tiempo, consiguen ausentar la mente.
Le gusta el modo en que él escucha su deseo, concediéndole la justa importancia, sin reprimirlo, ni darse del todo, sin escapar.
Le gusta hacer. Dejarse hacer. Que se deje hacer. Que le ordene hacer. No hacer.
Le gusta cómo se afloja la hebilla del cinturón.
Le gustan esas llamadas calientes.
Le gusta su risa. La pone cachonda su ambición creativa.
Le gusta tocarse y escabullirse un instante de su abrazo. Tentarle. Le gusta verle masturbarse y masturbarse para él.
Le gusta hablar sucio, hacer cosas sucias, pensar cosas sucias, pringarse.
Le gustan cosas que él ni imagina.


Quiere montarle apartando la tela húmeda de un bañador lleno de arena. Metérsela entera, sin más, mordiéndole el labio y que la arena la pula por dentro.
Quiere follar con él bajo el agua.
Quiere ser su admiradora secreta.
Quiere besos rudos, empujones, quiere polvos perentorios en lugares poco comunes.
Quiere su cuerpo desnudo sobre la hojarasca de un bosque y el suyo aplastándola contra la tierra, emborracharse del olor a humus, follar alguna vez bajo la lluvia.
Quiere abrirse tanto que su puño le quepa.
Quiere ser una increíble flor suculenta y empaparle la cara de jugos.
Quiere su frenillo en la base de la lengua.
Quiere besarle y lamerle el tendón de Aquiles.
Quiere chupar un plátano a un centímetro de su cara hasta que la coja de los pelos y la guíe hasta sus ingles.
Quiere tardar en hervir.
Quiere salir a buscar una chica juntos para compartirla.
Quiere que a veces el sexo sea un largo abrazo inmóvil.
Quiere que la inicie en algo y ser su iniciadora.
Quiere que la tome por sorpresa y follar vestidos.
Quiere vestirse para desnudarse.
Quiere que apretarse las tetas, elevarlas, que él coma una bomba de merengue de su canalillo. Quiere que la ate y la amordace y le vende los ojos.
Quiere follar en una biblioteca.
Quiere más largo, más lento, más intenso.
Quiere conciencia de tacto, de respiración, de movimiento.
Quiere marcas en su órgano más extenso.
Quiere ser follada por atrás delante de un espejo. Ver su rostro. Que él vea el suyo. Ver las manos en sus tetas, no sólo sentirlas.
Quiere una instantánea de ese momento.
Quiere hacerse fotos y grabar un polvo salvaje, saber que está ahí, pero no verlo.
Quiere tocar y ser tocada en todas partes.
Quiere llegar y que llegue a todas partes.
Quiere rendirse y que cada vez sea un huésped distinto.
Quiere follar con la mirada en los bares.
Quiere tenderse en la cama vestida y pedirle que la desnude sin una palabra.
Quiere juegos de ritmo, de espejos, de concordancia, de sintonía, de aliento.
Quiere desromantizar completamente lo erótico.
Quiere gemir, chillar, jadear, despertar a los muertos.
Quiere oírle gemir, quiere estertores de placer en su garganta, como los de un ahogado.
Quiere abrir los labios muy despacio y que la mente esté lo más lejos posible.


Intimidad (1)
el florido byte

Cancion de la belleza

Recuerdas para mí la canción de la belleza
cuando la olvido, cuando la noche
y la ausencia de razón
me impiden cantar,
saber quién soy.
La recuerdan las yemas de tus dedos.
La recuerda la saliva de tu boca.
La recuerda tu sexo entre mis nalgas.
La recuerda tu voz en el silencio que sabe.

el florido byte

6 nov 2006

Alba (sueño de madrugada)


me pediste que te hiciera
algo prohibido
te dije entonces

que te dieras vuelta

y ya estabas vestida

madrugada del jueves 24/08/06
Sueños
Martín Yuchak


31 oct 2006

Diario, semanario y poemas en prosa


Te quiero a las diez de la mañana, y a las once, y a las doce del día. Te quiero con toda mi alma y con todo mi cuerpo, a veces, en las tardes de lluvia. Pero a las dos de la tarde, o a las tres, cuando me pongo a pensar en nosotros dos, y tú piensas en la comida o en el trabajo diario, o en las diversiones que no tienes, me pongo a odiarte sordamente, con la mitad del odio que guardo para mí.

Luego vuelvo a quererte, cuando nos acostamos y siento que estás hecha para mi, que de algún modo me lo dicen tu rodilla y tu vientre, que mis manos me convencen de ello, y que no hay otro luger en donde yo me venga, a donde yo vaya, mejor que tu cuerpo. Tú vienes toda entera a mi encuentro, y los dos desaparecemos un instante, nos metemos en la boca de Dios, haste que yo te digo que tengo hambre y sueño.
Todos los días te quiero y te odio irremediablemente. Y hay días también, hay horas, en que no te conozco, en que me eres ajena como la mujer de otro. Me preocupan los hombres, me preocupo yo, me distraen mis penas. Es probable que no piense en ti durante mucho tiempo. Ya ves. ¿Quién podría quererte menos que yo, amor mío?


Jaime Sabines

25 oct 2006

El recuerdo


Una pena repta por su ombligo. Ayer
(ayer) me dijo oblicuamente amor mío y
hoy, hoy tengo que ser áspera con la memoria,
enlazar las manos con ansiedad,
tomar cafés,
hacerme cueva o nimiedad.


Concha Martínez

21 oct 2006

Querido coleccionista


"Querido coleccionista:

Le odiamos. La sexualidad pierde su fuerza y su magia cuando se hace explícita, automática, exagerada, cuando se convierte en una obsesión mecánica. Llega a ser aburrida. Usted nos ha enseñado mejor que nadie lo erróneo que es no combinarla con la emoción, la sed, el deseo, la lujuria, los antojos, los caprichos, los lazos personales, las relaciones más profundas, que cambian su color, su sabor, sus ritmos y sus intensidades.
No sabe usted lo que se pierde con su análisis microscópico de la actividad sexual y la exclusión de todo lo demás, sin el combustible que la enciende: lo intelectual, lo imaginativo, lo romántico, lo emotivo. Es todo esto lo que da a la sexualidad sus sorprendentes texturas, sus sutiles transformaciones, sus elementos afrodisiacos. Usted reduce el mundo de sus sensaciones. Lo está marchitando, lo hace pasar sed, lo deja sin sangre... No hay dos pieles que tengan la misma textura, nunca hay la misma luz, ni la misma temperatura ni las mismas sombras, ni tampoco el mismo gesto; porque el amante, cuando está encendido por un verdadero amor, puede recorrer la interminable historia de tantos siglos de cuentos de amor. Una enorme gama, enormes cambios de época, variaciones de madurez e inocencia, perversidad y arte, animales graciosos y naturales..."

Anais Nin
"Diarios"
Diciembre de 1941

19 oct 2006

Kinski


Como está de espaldas, no le veo la cara. Está parada delante de una boutique de Montparnasse, mirando el escaparate. Solo veo su culo respingón, que me hipnotiza desde la vereda de enfrente. Esos culos solo lo tienen las negras, pienso con un cosquilleo en los cojones. La primera que saboreé fué una estudiante norteamericana, en París, antes de conocer a Jasmín. Sus untuosas secreciones, cuya lava blanca se vertió sobre mi cara y en mi lengua, tenían un sabor intenso y exótico, como de miel silvestre. Despedía un olor tan sensual, a mujer-animal que no supe por qué acabé mareándome: si por su olor o por los muchos orgasmos.
Me chifla el olor de las negras. Cruzo la calle y me coloco tan cerca de ella que mi polla tiesa casi roza sus nalgas. Su ansiosa cara de animal se refleja en el vidrio del escaparate. Se gira hacia mí: cara a cara con esa negra folladora pura sangre, balbuceo una retahila de chorradas tan indescriptible que ella se limita a sonreir y a ponerme en los labios dos dedos de su mano algo húmeda, como queriendo decir: "reserva tu aliento para el polvo".

Klaus Kinski
"Yo necesito amor" Memorias
Editorial Tusquets

18 oct 2006

Delmira



"...Vamos mas lejos en la noche
vamos donde ni un eco repercuta en mi
como una flor nocturna allá en la sombra
me abriré dulcemente para ti."

Delmira Agustini
1886-1914

25 ago 2006

Baek


Llegaste tarde, entrada la noche, yo te esperaba
toda monte verde bajo las sábanas
el imperceptible siseo de la ropa al atravesar tus brazos largos
el cuidadoso gesto de doblarla y acomodarla en una silla
los pasos perdidos de tus zapatos al caer
inertes
sobre la alfombra de pelo ralo.

Yo te espiaba por el hueco de mis brazos sobre la almohada

Sentí el olor a bosque luego, a mi lado
tu mano en el cuenco de mi espalda

(Y yo, que no deseaba abandonar ese juego de duermevela
mientras tu nariz se hundía en la primavera azabache, nocturna
de mi nuca desperezándose.)

Y tu otra mano recorriendo caminos nuevos
por el acantilado que baja desde mis brazos.

Torbellino, te miro con ojos cerrados
y sonrisa leve
escrutando tu seriedad
Es tan perfecto el encastre de tu mirada fija, decidida, cortante
en este aire sombrío y húmedo que nos separa.

En cámara lenta tu muslo se me intercala
No quiero asumir aún mi rol de tierra conquistada
Espero que lentamente me impongas el peso de tu cuerpo
para rendirme sin batalla

Y liberas un beso en mi cuello,
silencioso, ligero,
esperando un murmullo de bienvenida
como arenga para desenvainar armas.

Siento tu calor que se derrama como sangre
por el espacio triangular que es vestíbulo a mi soberana carne

Te espío, monolito, obelisco, principio primero
irracional y salvaje
Te espío y no cedo, no cedo a voltearme
Te espío sin mirarte, en las sensaciones húmedas
con las antenas parabólicas de mi pubis pantano.

Entonces, una pequeña flexión de mi pierna
te invita a abrazarme
tus besos esclavos suplican atención
peregrinando arrodillados,
subiendo -uno a uno- los peldaños de mi espalda.

Por fin oyes la arenga
entrecortada, sorda, jadeante
Y como buen soldado se te hincha el pecho de coraje
Tus manos se aferran al ángulo obtuso de mis axilas
El capitán estudia el campo y traza sus tácticas
La tropa ardiente, enardecida, brasa
se lanza
en un barco titánico que hundiendo quilla en tierra
abre ríos caudalosos a su paso.

Despedida
María Celeste Baek

11 ago 2006

Cinco poemas para Cris


I

Ya mucho más allá del mezzo
«camin di nostra vita»
existe un territorio del amor
un laberinto más mental que mítico
donde es posible ser
lentamente dichoso
sin el hilo de Ariadna delirante
sin espumas ni sábanas ni muslos.
Todo se cumple en un reflejo de crepúsculo
tu pelo tu perfume tu saliva.
Y allí del otro lado te poseo
mientras tú juegas con tu amiga
los juegos de la noche.

II

En realidad poco me importa
que tus senos se duerman
en la azul simetría de otros senos.
Yo los huebiera hollado
con la cosquilla de mi roce
y te hubieras reído justamente
cuando lo necesario y esperable
era que sollozaras.

III

Sé muy bien lo que ganas
cuando te pierdes en el goce.
Porque es exactamente
lo que yo habría sentido.

IV

La justa errata
habernos encontrado al final del día
en un paseo púbico.

V

Me gustaría que creyeras
que esto es el irrisorio juego
de las compensaciones
con que consuelo esta distancia.
Sigue entonces danzando
en el espejo de otro cuerpo
después de haber sonreído
apenas
para mí.

Julio Cortázar
"Cinco poemas para Cris"

18 jul 2006

17

Me estrechaba entre sus brazos chatos y se adhería a mi cuerpo, con una violenta viscosidad de molusco. Una secreción pegajosa me iba envolviendo, poco a poco, hasta lograr inmovilizarme. De cada uno de sus poros surgía una especie de uña que me perforaba la epidermis. Sus senos comenzaban a hervir. Una exudación fosforescente le iluminaba el cuello, las caderas; hasta que su sexo —lleno de espinas y de tentáculos— se incrustaba en mi sexo, recipitándome en una serie de espasmos exasperantes. Era inútil que le escupiese en los párpados, en las concavidades de la nariz. Era inútil que le gritara mi odio y mi desprecio. Hasta que la última gota de esperma no se me desprendía de la nuca, para perforarme el espinazo como una gota de lacre erretido, sus encías continuaban sorbiendo mi desesperación; y antes de bandonarme me dejaba sus millones de uñas hundidas en la carne y no tenía otro remedio que pasarme la noche arrancándomelas con unas pinzas, para poder echarme una gota de yodo en cada una de las heridas... ¡Bonita fiesta la de ser un durmiente que usufructúa de la predilección de los súcubos!

Oliverio Girondo
"Espantapájaros", 1932

15 jul 2006

Puro erotismo


" Era un pusilánime. Hasta se sintió vulgar, despreciable, porque apenas la espiaba de reojo, como un voyeurista adolescente que miraba calzones en los tendederos y se masturbaba imaginándose los contenidos. Cerró los ojos con fuerza, y terminó el cigarrillo fastidiado consigo mismo, nervioso y ya casi convencido de que la batalla estaba perdida. Pero, ¿por qué? Si él tenía el sexo hecho un monumento al acero de doble aleación, y sabía muy bien cómo manejar a semejante muchacha, y la colocaría así, y le besaría aquí, y la acariciaría allá, y otro poquito así, y ay, a medida que se imaginaba todo, y la veía desnuda, encandilado por el brillo incomparable (seguro, debía ser así) de su sexo profundo, negro, vertical y jugoso como durazno de estación, a medida que fantaseaba se turbaba más pero también se dolía porque empezaba a pensar, a darse cuenta de que esos pechos magníficos, esa piel oscura y brillosa y como bañada en aceite de coco, esas piernas monumentales como obeliscos paralelos, no serían para él. Le empezó a doler la cabeza. Cerró los ojos y se dijo que lo mejor era dormirse. Llegarían a Nueva York al amanecer. "

Mempo Giardinelli
Puro erotismo

10 jul 2006

Pasmo de los mapas


En cada encuentro investigaba su cuerpo con vehemencia. Recorría las venas de los senos y contemplaba la tensión en los pezones. Remontaba la espalda y buscaba los huecos que crecían entre las escápulas como dunas cambiantes; paladeaba todos sus sabores y calibraba con los labios la longitud del vello apenas evidente. Cuando una noche, tomado del hastío de lo frecuentado, se disponía a marcharse, descubrió bajo la axila una peca rojiza y se hundió de nuevo en el periplo.

Marcos Taracido
"Pasmo de los mapas"

3 jul 2006

Responso


A su nombre que no sé
a su nombre de dos sílabas y gracias
a su sangre desarropada hasta el puro bostezo
a la madrugada que hoy hizo ejercicios de niebla
entre sus senos
a su carne fatigada de manos al saqueo
a su cuerpo al instante
a su piel rebuscándose el cuerpo
a su cuerpo
a todo eso que esta ahí, dando la vuelta, con la
calle al cuello.

dejo el aumento
y esta flor de sangre
en el vaso
donde bebo y
quedo…

(no quería tocarla, no quería, aún no lo quiero,
hubiera querido mi acordeón para tocarla
hubiera querido llevarla de la mano a jugar a los
muertos de amor y de miedo.
hubiera querido mimarla sin espejos en un puerto
decirle monosílabos
amarle el cuello un hombro
cualquier cosa…

Hubiera querido tener un sombrero para decirle
adiós)

Alberto Szpunberg
de "Poemas de la mano mayor"

22 jun 2006

Justo ahí


"¿El lenguaje más erótico de un cuerpo no está acaso allí donde la vestimenta se abre? En la perversión (que es el régimen del placer textual) no hay "zonas erógenas"; es la intermitencia, como bien lo ha dicho el psicoanálisis, la que es erótica: la de la piel que centellea entre dos piezas (el pantalón y el pullóver), entre dos bordes (la camisa entreabierta, el guante y la manga); es ese centelleo el que seduce, o mejor: la puesta en escena de una aparición - desaparición..."

Roland Barthes
El placer del texto

21 jun 2006

Manual de pintura y caligrafía


"...«Mi amor», dijiste, y yo lo dije, abriéndote mi puerta toda, y entraste. Abrías mucho los ojos al avanzar hacia mí, para verme mejor o más de mí, y posaste tu bolso en el suelo. Y antes de que yo te besara, dijiste, para que lo pudieses decir serena: «Vengo a quedarme esta noche contigo». No viniste ni pronto ni tarde, viniste a la hora cierta, en el minuto exacto, en el preciso y precioso descansillo del tiempo en el que yo podía esperarte. Entre mis pobres cuadros, rodeados de cosas pintadas y atentas nos desnudamos. Tan fresco tu cuerpo. Ansiosos, y no obstante sin prisa. Y luego, desnudos, nos miramos sin vergüenza, porque el paraíso es estar desnudo y saber. Despacio (sólo despacio podría ser, sólo despacio) nos acercamos, y, ya cerca, de repente unidos, y trémulos. Apretados el uno contra el otro, mi sexo, tu vientre, tus brazos cruzados sobre mi cuello, y nuestras bocas, lenguas, y los dientes, respirándose, alimentándose, hablando sin palabras dichas, en un gemido interminable, como una vibración, letras inarticuladas, pausa. Nos arrodillamos, subimos el primer peldaño, y luego lentamente, como si el aire nos amparase, caíste de espaldas y yo sobre ti, tan desnudos, y luego rodamos desnudos, tú sobre mi cuerpo, tu pecho elástico, y los muslos cubriéndome, y los muslos como alas. Sobre mi nos unimos y rodamos otra vez, yo sobre ti, tu pelo ardiendo, ahora mis manos abiertas sobre el suelo como si sobre los hombros sostuviera el mundo, o el cielo, y en el espacio entre nosotros dos las miradas tensas, luego turbadas, y el rugir de la sangre fluyendo y refluyendo en las venas, en las arterias, latiendo en las sienes, barriendo bajo la piel el cuerpo y el cuerpo. Somos nosotros el sol, las paredes ruedan, los libros, los cuadros, Marte, Júpiter, Saturno, Venus, el minúsculo Plutón, la Tierra. He ahí ahora el mar, no mar largo y océano, sino la ola desde el fondo apretada entre dos paredes de coral y subiendo, subiendo hasta estallar en espuma, chorreante. Murmullo o secreto de aguas derramadas sobre los musgos. La oleada retrocede hacia el misterio de las fosas submarinas, y tú dijiste: «Mi amor». Alrededor del sol, los planetas vuelven a su grave, lenta caminata, y nosotros que estamos lejos los vemos ahora parados, otra vez cuadros y libros, y paredes en vez de cielo profundo. Es de noche otra vez. Te levanto del suelo, desnuda. Te apoyas en mi hombro y pisas el mismo suelo que yo. Mira, son nuestros pies, herencia enigmática, plantas que dibujan, ellas, el poco espacio que ocupamos en el mundo. Estamos en el marco de la puerta. ¿Sientes la película invisible que hay que romper, el himen de las casas, desgarrado y renovado? Dentro hay un cuarto. No te prometo el cielo claro y las nubes lentas de Magritte. Estamos los dos húmedos como si hubiéramos salido del mar y entramos como en una caverna donde la oscuridad se siente en el rostro. Una pequeña luz apenas. Cuanto baste para verte y para que me veas. Te acuesto en la cama, y tú abres los brazos y planeas sobre la página blanca. Me inclino sobre ti, es tu cuerpo que respira, falda de montaña y fuente. Tienes los ojos abiertos, tienes los ojos abiertos siempre, pozos de miel luminosa. Y tus cabellos arden, campo de trigo maduro. Digo «Mi amor» y tus manos descienden sobre mi desde la nuca a la raíz de la columna. Hay en mi cuerpo una antorcha. Se abren otra vez, alas, tus muslos. Y suspiras. Te conozco, reconozco donde estoy: mi boca se abre sobre tu hombro, mis brazos en cruz acompañan a tus brazos hasta los dedos clavados con una fuerza que no es nuestra. Como dos corazones, nuestros vientres laten. Gritaste, amor mio. Es todo el cielo el que grita sobre nosotros, parece que todo va a morir. Ya soltamos las manos, ya ellas se perdieron y encontraron, en las nucas, el pelo, y ahora abrazados esperamos la muerte que se acerca. Te estremeces. Me estremezco. Nos vemos sacudidos de la cabeza a los pies, y nos agarramos al borde de la caída. No se puede evitar. El mar va entrado ahora mismo, nos hace rodar sobre esta playa blanca, o esta página, revienta sobre nosotros. Gritamos, sofocados. Y yo dije «mi amor». Duermes, desnuda, bajo la primera luz de la mañana, veo tu seno recortado en el contraluz de la impalpable película de la puerta. Despacio, poso mi mano en tu vientre. Y respiro, sosegado."

José Saramago
"Manual de pintura y caligrafía"
Alfaguara, Buenos Aires, 1999

15 jun 2006

Pequeñas lecciones de erotismo


Recorrer un cuerpo en su extensión de vela
es dar la vuelta al mundo
atravesar sin brújula la rosa de los vientos
islas golfos penínsulas diques de aguas embravecidas
no es tarea fácil - si placentera -
no creas hacerlo en un día o noche de sábanas explayadashay secretos en los poros para llenar muchas lunas

II

El cuerpo es carta astral en lenguaje cifrado
encuentras un astro y quizá deberás empezar
corregir el rumbo cuando nubehuracán o aullido profundo
te pongan estremecimientos
cuenco de la mano que no sospechaste

III

repasa muchas veces una extensión
encuentra el lago de los nenúfares
acaricia con tu ancla el centro del lirio
sumérgete ahógate distiéndete
no te niegues el olor la sal el azúcar
los vientos profundos cúmulos nimbus de los pulmones
niebla en el cerebro
temblor de las piernas
maremoto adormecido de los besos

IV

Instálate en el humus sin miedo al desgaste sin prisa
no quieras alcanzar la cima
retrasa la puerta del paraíso
acuna tu ángel caído revuelvele la espesa cabellera con la
espada de fuego usurpada
muerde la manzana

V

Huele
duele
intercambia miradas saliva impregnate
da vueltas imprime sollozos piel que se escurre
pie hallazgo al final de la pierna
persíguelo busca secreto del paso forma del talón
arco del andar bahías formando arqueado caminar
gústalos

VI

Escucha caracola del oído
como gime la humedad
lóbulo que se acerca al labio sonido de la respiración
poros que se alzan formando diminutas montañas
sensación estremecida de piel insurrecta al tacto
suave puente nuca desciende al mar pecho
marea del corazón susúrrale
encuentra la gruta del agua

VII

Traspasa la tierra del fuego la buena esperanza
navega loco en la juntura de los océanos
cruza las algas ármate de corales ulula gime
emerge con la rama de olivo llora socavando ternuras ocultas
desnuda miradas de asombro
despeña el sextante desde lo alto de la pestaña
arquea las cejas abre ventanas de la nariz

VIII

Aspira, suspira
muérete un poco
dulce lentamente muérete
agoniza contra la pupila extiende el goce
dobla el mástil hincha las velas
navega dobla hacia Venus
estrella de la mañana
- el mar como un vasto cristal azogado -duérmete naúfrago

Gioconda Belli

30 abr 2006

Misa del árbol


"Querida Una estaba tendida en la mesa, era en el pasto pero parecía la mesa, como esperando el regalo, sin mayor apuro ni sorpresa.
El tironeaba de la enagua en flor advirtiendo con espanto que la enagua procedía de ella, estaba hecha de su misma leve carne, sujeta con pedúnculos vivos a todo el cuerpo.
Era una gran enagua sexual, todo de ovarios, todo de clítoris recios, como pimpollos de rosas rojas en hilera.
-Esta usted colmada...Hay muchos, varios -le decía él, triste sin saber porqué, y gozosamente.
Buscaba enceguecido entre todo el vuelo, como eligiendo.
Debería haber un punto único, el nervio central que atacar.
Lástima que ella no guiase en nada.
Era terrible aquel delantal."

Marosa Di Giorgio
fragmento de "Misa del árbol"
"Misales", 1993

4 abr 2006

Ligazon

Ella desnuda y yo desnudo
y no hay mucho más que me importe.
Las cosas caen al suelo
como habiendo estado siempre en ese sitio,
así caigo yo en ella.

Ella apunta sus rodillas
hacia dos constelaciones
y es entonces la pelviana letanía,
la ligazón oscura con la tierra.

Pedro Mairal
de "Tigre como los pájaros"



30 mar 2006

Somos


Que somos...
Vos, el sello de mil bocas en mi cuerpo.
Yo, la marca de mis uñas en tu espalda.

Y nosotros... ?
Nosotros no somos.
Somos fuego -después cenizas-.

Somos nada.

26 mar 2006

Por favor amo

por favor amo puedo tocar su mejilla
por favor amo puedo arrodillarme a sus pies
por favor amo puedo aflojar sus pantalones azules
por favor amo puedo mirar su vientre de vello dorado
por favor amo puedo bajar suavemente sus calzoncillos
por favor amo puedo tener sus muslos desnudos ante mis ojos
por favor amo puedo sacarme la ropa bajo su silla
por favor amo puedo besar sus tobillos y su alma
por favor amo puedo poner mis labios en su musculoso muslo sin vello
por favor amo puedo dejar mi oreja apretada sobre su estómago
por favor amo puedo envolver en mis brazos su culo blanco
por favor amo puedo lamer su entrepierna rizada de suave pelusa rubia
por favor amo puedo tocar con la lengua su orto rosado
por favor amo puedo pasar la cara por sus bolas,por favor amo,

por favor míreme a los ojos
por favor amo ordéneme bajar al suelo,
por favor amo dígame que lama su gruesa verga
por favor amo ponga sus manos recias sobre mi cráneo peludo calvo
por favor amo apriete mi boca contra su corazón-príapopor favor amo hunda mi rostro en su vientre, lléveme lentamente bien sujetohasta que su dureza muda me llene la garganta hasta el fondohasta que trague y saboree su delicado y tibio cañón punzante venoso-
Por favor amo aparte mis hombros y míreme fijo y hágame inclinar sobre la mesa
por favor amo agarre mis muslos y levante mi culo hasta su cintura
por favor amo la recia caricia de su mano en mi cuello su palma en mi trasero
por favor amo levánteme, mis pies sobre sillas, hasta que mi hoyo sienta el aliento
de su saliva y la caricia de su pulgar
por favor amo hágame decir
Por Favor Amo Cójame ahora
Por FavorAmo engráseme las bolas y la boca peluda con dulces vaselinas
por favor amo acaricie su pija con blancas cremas
por favor amo apoye la cabeza de su pito en mi arrugado hoyo esencial
por favor introdúzcalo suavemente, sus codos enlazados en mi pecho
sus brazos descendiendo hasta mi vientre, mi pene toque con su dedo
por favor amo métamela un poco, un poco, un poco,
por favor amo hunda su enorme cosa en mi trasero y por favor amo
hágame mover el culo para que se coma el tronco de la pija
hasta que mis nalgas acaricien sus muslos, mi espalda arqueada,
hasta que sólo esté mi erección, su espada clavada vibrante en mí
por favor amo salga y deslícese lentamente hasta el fondo
por favor amo láncela otra vez, y retírese hasta la punta
por favor por favor amo cójame otra vez con su ser, por favor cójame
Por FavorAmo empuje hasta que me duela la suavidad la Suavidad
por favor amo hágale el amor a mi culo, dé cuerpo al centro y cójame
para siempre como a una chica
con ternura agárreme por favor amo yo me llevo a Usted,
por favor amo meta en mi vientre la misma dulce cruz caliente
que manoseó en soledad Denver o Brooklyn
o clavó en alguna virgen en estacionamientos de París,
por favor amo condúzcame su vehículo, cuerpo de gotas de amor, de polvo sudoroso,
cuerpo de ternura, cójame a lo perro más rápido
por favor amo hágame gemir sobre la mesa
gemir Oh por favor amo cójame asía su ritmo vibre clave afuera-adentro-rebote y presione
hasta que yo afloje mi orto un perro sobre la mesa aullando con terror y deleite
que lo amen Por Favor amo dígame perro,
bestia anal, orto húmedo, y cójame más fuerte mis ojos ocultos con sus palmas
en torno de mi cráneo y zambúllase en latigazo de fuerza brutal por suave carne goteante
y vibre cinco segundos hasta disparar su calor de semen
una y otra vez, clavándola mientras grito su nombre
lo amo
por favor Amo.

Por favor amo
Allen Ginsberg

Mayo 1968

13 feb 2006

Erótica

Tu placer es lento y duro
viene de lejos
retumba en las entrañas
como las sordas
sacudidas de un volcán
dormido hace siglos bajo la tierra
y sonámbulo todavía

Como las lentas evoluciones de una esfera
en perpetuo e imperceptible movimiento
Ruge al despertar
despide espuma
arranca a los animales de sus cuevas
arrastra un lodo antiguo
y sacude las raíces

Tu placer
lentamente asciende
envuelto en el vaho del magma primigenio
y hay plumas de pájaros rotos en tu pelo
y muge la garganta de un terrón
extraído del fondo
como una piedra.

Tu placer, animal escaso.

Cristina Peri Rossi
"Erótica"