6 ene 2009

No hagas tango


Triste, reaccionario, niño, amor, basta, déjame, glotón, vamos a casa. En la casa del cerro (herencia de mi padre, era muy rico ¿sabes? déjame, loco) el hombre cayó abrazado a la mujer que jugaba a resistirse, a ceder, al juego de la señora y el doctor, cayó sobre la cama inmensa de kilómetros de exilio, cayeron vestidos todavía, desnudándose, mordiéndose, besándose, la mulata de Baudelaire, mi negra, mi Cara de Tango, macho sombrío, triste, reaccionario, ella cerrando los ojos, concentrándose en el puro goce de ese orgasmo imprevisto, fugaz, perdóname, Tango, perdóname, Macho, ahora te toca a ti. Se abrió la cueva húmeda. Pase mi rey, pase mi huésped, entra mi negro, mátame. Él estaba acostado en la blanca cama de espuma, con la mulata que había nacido en Pekín porque su padre era embajador -espérame tantito ¿quieres?- y ella seguía hablando desde el baño, orinando su dulce miel como un verso de Neruda, volvía bamboleándose, mira a tu novia ¿te agrada tu novia? hablando como una popi, paseándose desnuda por la recámara, excitándolo, contándole sus viajes por el mundo, las brujerías de su madre negra que su padre se robó en Jamaica. Era muy racista el güero, nunca me pudo querer. Mi padre, el padre, el Padre de los pobres: ella quería que le contara historias de Perón. Estaban desnudos, saciados de la primera vez, fumando y tomando agua mineral, para que la segunda vez fuera mejor, más amistosa, no ese relámpago de destrucción al que se habían entregado en la casa del cerro. Dos veces, dos muertes. La primera vez, dijo el hombre, yo no entendía, era un pendejo, un estudiante muy humanista, muy antifascista, claro, muy pequeño burgués, una buena conciencia; la segunda no quise equivocarme, quise creer en el Padre ¿entiendes? Ser como todos, fundirme en ese Todo como tú en el Zen. Mi padre era un viejo, dijo ella, un podrido viejo cargado de medallas. Cuando dejó a mi madre, ella se ahogó en el mar. ¿Por qué te cuento esto? No me gusta hacer tango. Cántame un tango, cántale un tango a tu novia fea, fea, fea, pidió y se echó a llorar porque ahora era una niñita sola en el mundo, no era la Diosa ni la mulata de Baudelaire, sino una pobre muchacha pidiendo que le cantaran un tango. ¿Quieres? Sí, dijo él y le cantó el tango de la casita de mis viejos y otros tangos con patios y mujeres enfermas y jazmines. Todo eso está muerto, pensó. Pero él no estaba muerto, estaba acariciando los hermosos pechos de su amiga, las caderas inmensas, el sudor de los muslos, trepando por ella como por el Árbol de la Vida que tenía en su cuarto, bebiéndosela, emborrachándose de su boca, del suave pulque de su vagina. Mi rey, gimió ella y se quemaron juntos otra vez y se durmieron y despertaron abrazados y con frío. Sí, es lo que vi, dijo el hombre, vi a la gente calentándose con las fogatas, toda la noche, esperando a su padre, al General, al Macho. Yo estaba con ellos, pero no era uno de ellos ¿entiendes? El Espía de Dios. El poeta es el Espía de Dios, dijo ella. No soy poeta. Sí, lo eres dijo la mujer lamiéndole el vello del pecho, succionando las tetillas del hombre porque ahora soy tu niña ¿quieres? bajando hasta el sexo de su amigo, su hermano de la noche. Él miró la cabeza de la mujer allá abajo, la boca, la mata del pelo oscilando en un movimiento loco de polea, en una frenética negación, su propio pene como un péndulo de delirio. Mi rey. Mi negro. Y otra vez cabalgaron los dos. El caballo, la yegua negra en un campo de incendio. Mi rey. Mi negra. Ven. Claro que voy, espérame. Los cuerpos quedaron extenuados. La madrugada empezaba a filtrarse por las ventanas, el día, la certidumbre de despertar. El hombre miró a su amiga que dormía. Oyó tangos de Buenos Aires, tangos de la memoria, tangos, tangos, tangos de cuando era demasiado joven, cuando la revolución era una palabra, un improbable porvenir y no esos militantes entre los que no estaba, sabiendo que esa sería su condena, su muerte, el equívoco síntoma de su vejez en el momento de escribir su análisis político de la situación, mañana, dentro de unas horas, cuando brillara el sol. Ella despertó. Le dijo: duérmete; esta tarde seré tu compañera en La Siesta del Fauno, pero ahora duérmete, por favor. Pienso en mis muertos, dijo él. Duérmete. Están matando a mi gente. Duérmete, te digo. Si al menos supiera que lo que escribo sirve para algo. No hagas tango, mi amor. Atan los cuerpos con alambres de púa, los hacen volar con dinamita... Duérmete, ordenó la mujer. El hombre se cubrió con la sábana, se acercó a su amiga y prometió no hacer tango. Mientras la acariciaba pensó en Hansel y Gretel abandonados en el vasto mundo. Entonces se durmió. Pobre amor -dijo la mujer mientras acariciaba la cabeza del hombre dormido- estás lleno de sueños, de la podredumbre de los sueños. Creo que te mereces un descanso.

19 jun 2008

Marea del Yin


Primero él ha de mojar dulcemente
su tallo de bambú en la miel que cubre
los pétalos del loto.
Es entonces que ella debe introducírselo
hasta la empuñadura
para imitar después la cadencia del mar
en las noches de verano.

Exquisiteces de
El Florido Byte

2 jun 2008


" Los amantes incorporan el mundo entero a su totalidad. Todas las imágenes clásicas de la poesía amorosa lo confirman. El río, el bosque, el cielo, los minerales de la tierra, el gusano de seda, las estrellas, la rana, el búho, la luna, demuestran el amor del poeta. La poesía expresa la aspiración a esa correspondencia, pero es la pasión la que la crea. La pasión aspira a incluir el mundo entero en el acto de amar. El hecho de querer hacer el amor en el mar, volando por el cielo, en esta ciudad, en aquel campo, sobre la arena, entre las hojas caídas, con sal, con aceite, con frutas, en la nieve, etc., no significa que se precisen nuevos estímulos, sino que expresa una verdad que es inseparable de la pasión. La totalidad de los amantes se extiende, de manera diferente, a fin de incluir el mundo social. Todos los actos, cuando son voluntarios, se llevan a cabo en nombre de la persona amada. Lo que el amante cambia entonces en el mundo es una expresión de su pasión.
(...)
La totalidad de la pasión oprime (o socava) al mundo. Los amantes se aman con el mundo. (Al igual se podría decir que con todo su corazón o con sus caricias.) El mundo es la forma de su pasión, y todos los sucesos que experimentan o imaginan constituyen la iconografía de su pasión. Por eso la pasión está dispuesta a arriesgar la vida. Se diría que la vida es tan sólo la forma de la pasión. "

John Berger
El sentido de la vista

21 may 2008


" En aquel hotel de Agay, pensaban sólo en sí mismos y en conocerse por completo, en abrir sus vidas entre dos vínculos, atractivamente habituales. Noches similares, rostros fatigados, pausas seductoras, y dejaba ella correr sus dedos por el hombro desnudo del amante para expresarle su recompensa o deslumbrarle y él cerraba los ojos, sonreía de placer. Reposaban abrazados de sus significativas penalidades, se dormían después de tiernos susurros y glosas, emergían del sueño para acercar sus labios o para unirse mejor el uno al otro, o confusamente yacer, medio dormidos, o furiosamente encontrados, repentinamente dispuestos. Y proseguía luego el sueño conjunto, tan grato. ¿Cómo no dormir juntos? Al amanecer, él la abandonaba dulcemente, velando por no despertarla y se iba a su cuarto. A veces ella abría los ojos. No me dejes, gemía. Pero él se desprendía de sus brazos que lo retenían ligeramente, la tranquilizaba, le aseguraba que no tardaría en volver. Sus alejamientos matutinos eran porque no quería que ella lo viese imperfecto, sin afeitar ni bañar. "
Albert Cohen
Bella del Señor (fragmento)
" Ya no sentían gran pasión. Encontraban el placer al cabo de una cordialidad pausada, de la familiaridad de sus hábitos y prácticas, del acoplamiento firme y preciso de sus cuerpos, tan confortable como un modelo devuelto a su molde. Eran generosos y pausados, y no necesitaban mucho. Pero si alguien les hubiera dicho que se aburrían, lo habrían negado con indignación.
(...)
Después, una palabra pareció repetirse a sí misma, una palabra suave y resonante, generada por la carne al deslizarse sobre la carne, una cálida, susurrante y equilibrada palabra: casa; estaba en casa, protegido, a salvo, y por lo tanto capaz de proteger: la casa que poseía y que le poseía. En casa: ¿por qué iba a estar en ningún otro lugar? ¿No era una pérdida de tiempo hacer cualquier otra cosa que no fuera eso? El tiempo se redimía, el tiempo asumía de nuevo todo su sentido porque era el medio para la culminación del deseo. "

Ian McEwan
Entre las sábanas (fragmento)

13 may 2008


"...Mi mujer vuelve a acomodarse y ambos quedan tendidos en el espacio entre la mesa y la pared, acariciándose apenas. Alcanzo a distinguir cómo se eriza la piel de mi mujer. Llega un momento en que los dos parecen estar dormidos. Siento mi miembro erecto aplastado por la pila de carpetas, que empieza a ceder, recorrido por un dolor entre angustioso y gratificante, retenido.
Lo primero que se mueve es la mano del hombre, que vuelve a acariciar y después a introducirse en el surco de las nalgas, destacándose morena contra el blanco purísimo de la piel de mi mujer, que despierta con un estremecimiento de todo el cuerpo.El temblor parece transmitirle energía al hombre, que toma a mi mujer y la alza en peso, mientras él se entrepara. Mi mujer alcanza a aferrar con los brazos los dos pilares de la U de madera, y resiste el embate rítmico del hombre por detrás. Ahora sí abre los ojos de par en par y me mira fija, hipnóticamente, hasta que se ve obligada a cerrarlos cuando ambos llegan por segunda vez al orgasmo.
La mesa se ha sacudido casi hasta descolarse, una de las carpetas se ha desplazado de la pila y ha caído, pero sin sacarlos del trance animal en que se mueven.Ya me duele el brazo, y la erección ha desaparecido: siento todo el cuerpo al borde del calambre. Pienso que tal vez vuelvan a caer, a relajarse, dormirse: son las cinco menos diez.
Pero el rostro de mi mujer, que se ha echado hacia atrás esquivando hábilmente el borde de la mesa para quedar unos instantes de rodillas junto a las piernas del hombre, sufre una transformación horrible: recobra en un segundo los rasgos cotidianos, la leve arruga nerviosa en la comisura izquierda de los labios, el gesto general alerta, defensivo. Cuando la mano del hombre intenta acariciarle la espalda, ella se la aparta, eficaz y terminante, mientras le dice que tiene que ir ya mismo a buscar a nuestros hijos a la escuela.
No sé de qué manera, pero el hombre expresa con las piernas (por las que el pantalón ha bajado hasta formar una especie de pedestal informe), con las manos, incluso con el miembro, que ha recibido el mensaje, el baldazo de agua fría. Una de las manos baja despacio y alza la enagua de mi mujer, aquella de seda ocre que le compré en Harrod's para nuestro quinto aniversario. Pienso que va a alcanzársela, pero lo que hace es limpiarse con cuidado el miembro, mientras con la otra mano se sube primero los pantalones y toma después su ropa.
Mi mujer se ha puesto con rapidez el vestido violeta, los zapatos. Nuevamente les veo sólo las piernas, las del hombre ahora inmóviles mientras se abrocha la camisa, las de mi mujer moviéndose, taconeando hasta perderse cortadas por el borde de la puerta que da al pasillo. Reconozco el ruido a vidrios flojos de la puerta del baño. Advierto que se ha llevado la enagua.
Vuelve un segundo después. Por un instante las piernas de los dos reproducen con tal perfección la posición de cuando entraron, que temo ver cómo las de mi mujer se apoyan otra vez contra al puerta y cómo otra vez los tacos del hombre me apuntan, para recomenzar. Pero es una décima de segundo que no detiene los pasos firmes de mi mujer, el tirón de la puerta al abrirse, el ruido que hace al cerrarse, sofocado por la humedad, casi neumático, y los pasos que se alejan hacia el ascensor.
Ahora sí, con cierta dificultad, podré pararme."

Elvio Gandolfo
La oscuridad bajo la mesa

en pleno silencio
de las bocas
que mutuas se
comen
las lámparas
su repentino fulgor
iluminan
los oscuros pezones
el vientre
la mano que se aroma
en la deseada humedad
en la desvanecida
penumbra
esa mujer
anhela de las promesas
el empeño
en la disuelta
oscuridad
esta mujer concibe
estímulos en carne
propia

esa mujer / olvida
esta mujer cierra los ojos

Esteban Moore
La boca en la fruta

6 abr 2008

Retórica erótica


Así ella desearía ser raptada una, dos veces, marcada por la voluntad de esa mano que también sabrá tocarla como a un instrumento musical. Tal su optimismo, su instinto de juego en el instante mismo que, para los otros, será su tragedia. El raptor, sus largos cabellos ofrecidos a esas manos, hace de su pesimismo el arma más dulce: violenta, no pone ninguna distancia ¡oh, dioses bienaventurados!, entre el deseo y el acto.

Alzada por él, ella sonríe, alzada, y aunque parezca dolor, en su rostro hay sólo la altura que tiene conciencia del tiempo. ¿Cuánto podrá, así, no caer, cuánto más los dedos hundirán felizmente su carne, hecha para esas penetraciones? Él oculta su cabeza en ella y nada se sabe, más que el brillo de sus ojos.

Escandalosa,
para él que no
conoce los límites
de su propia dulzura, tan obscena.
Caída, lánguida
y sola en ese nido,
esa cueva, lecho
a su medida:
nocturna y nada
oscura, lunar.
Satén y plumas
para amar y ser leída, para beber y ser
bebida, fingiéndose dormir.
Escandalosa, para lo hecho pecho, fulgura
ante él, será de él: ah! quién pudiera
quedar, así
poseída.
Si él se quedara ahí,
así, adentro,
ella no caería
nunca.
Lo dice y
balancea su
peso sobre
él,
sobre el
vacío, sobre
la frase.
Y él, que
trabaja para
el placer,
pero
alimenta la
tristeza,
apretando su
carne habla.
Ella ríe de lo que él habla: come
de lo que él pone entre sus dientes.

Si él cortara sus cabellos ella no tendría
de dónde sostenerse, y él avisa
que los cabellos son una materia frágil,
mientras le acomoda
el pelo en la frente, lo quita
de sus hombros, despeja las curvas
de la oreja para hurgar,
como si nadie
viera, como si nadie se diera
cuenta de nada.

Juega a ser su propia ofrenda, en lo
desamparado de dar y recibir. Su gesto
copia cierto éxtasis, pero ella no goza,
sonríe, piensa en actos y sonríe, apenas.
Como su dolor esparce luz ella está
iluminada, perdida en esa luz,
y al darse espera ser tomada por él,
oscurecida, al fin oscurecida.


Hacer de sí la obra, volver actor al otro,
para que lo mismo improvise su forma,
su ilusión de único, inefable.
La perfección de un momento que habla
en los cuerpos, aúlla, aunque fallen las
palabras: blasfemias, abrazos
furiosos como un sonido atroz de
maravilla.
Él no cree y es su falta de fe lo que
prodiga.Ella escucha el insulto amoroso del callar.


16 feb 2008

Λυσιστράτη


He aquí el juramento inicial de la rebelión:
Lisístrata: Lampito: todas las mujeres: Vengan, toquen esta copa, y repitan después de mí: NO TENDRÉ NINGUNA RELACIÓN CON MI ESPOSO O MI AMANTE.
Kalonike: No tendré ninguna relación con mi esposo o mi amante.
Lisístrata: AUNQUE VENGA A MÍ EN CONDICIONES LAMENTABLES.
Kalonike: Aunque venga a mí en condiciones lamentables. (¡Oh Lisístrata, esto me está matando!)
Lisístrata: PERMANECERÉ INTOCABLE EN MI CASA.
Kalonike: Permaneceré intocable en mi casa.
Lisístrata: CON MI MÁS SUTIL SEDA AZAFRANADA.
Kalonike: Con mi más sutil seda azafranada.
Lisístrata: Y HARÉ QUE ME DESEE.
Kalonike: Y haré que me desee.
Lisístrata: NO ME ENTREGARÉ.
Kalonike: No me entregaré.
Lisístrata: Y SI ÉL ME OBLIGA.
Kalonike: Y si él me obliga.
Lisístrata: SERÉ TAN FRÍA COMO EL HIELO Y NO ME MOVERÉ
Kalonike: Seré tan fría como el hielo y no le moveré
Lisístrata: NO LEVANTARÉ MIS ZAPATILLAS HACIA EL TECHO.
Kalonike: No levantaré mis zapatillas hacia el techo.
Lisístrata: NI ME AGACHARÉ SOBRE MIS CUATRO EXTREMIDADES, COMO LA LEONA DE LA ESCULTURA.
Kalonike: Ni me agacharé sobre mis cuatro extremidades, como la Leona de la escultura.
Lisístrata: Y SI MANTENGO ESTE JURAMENTO, PERMITIDME BEBER DE ESTA COPA.
Kalonike: Y si mantengo este juramento, permitidme beber de esta copa.
Lisístrata: SI NO, QUE MI PROPIA COPA SE LLENE CON AGUA.
Kalonike: Si no, que mi propia copa se llene con agua.
Lisístrata: ¿Todas han jurado?
Mirrine: Todas.

Lisístrata
Aristófanes
(450-385 a. de C.)

15 feb 2008

Sé que mi petición es precipitada

yo
yo y mi
yo y mi cuerpo fuimos a esa fiesta
yo bailé
hermoso rico y poderoso rozaba mi cuerpo
mi betty boop mi reina descalza
mi nombre es yoni.meri yo también
fuego furia ¿fumás? fuimos a su casa
estás mojada no sé no hemos sido presentados
sumergidos suma de noche estera estambres estaba aterrorizada
profeta centinela sentí un automóvil rojo rubio el tabaco
su espalda fuerte trepaba mi caída infimos funestos café
piedras para dormir me acompañaba a casa y olvidé decírselo
las palabras son monedas clavadas a la tierra
historias de susy siempre lo he sabido
cómo explicarte hubiese cupido calendario
perdida en los andenes al día siguiente mi sombra caía del piso 29
olvidé decirle que siempre nadie y yo nunca los amores cobardes
lloraba no llegan porque los hombres etcétera
él era despiadado todo un hombre quemado de belleza
mi cuerpo gemía como un gato y lo envidié pero yo nunca
me meto en sus asuntos
dijo tu piel mi nena dame no sé qué cosa qué llave del infierno
yo hubiera declarado desplegado y estrenado un novio
hubiese dicho a mis amigas entrado en algún bar hubiese
hubiese vino que me matara
habráse visto tan chiquita y calentando bancos en la plaza
ay corazón si te fueras de madre
siempre la pena entra la pena y la nada
mi cuerpo roto pegado a lo sumido curioso rito de cucharas en
la mesa
sobre la mesa en la ducha él era el agua y me frotaba
belladona
dame en el centro de lo que siempre habla el espejo la sombra
del deseo era lacan en mi escritorio
ah para su estudio de análisis oh para sus análisis
acababa de ver
mi cuerpo demasiado tarde dónde estuviste le decía
ay corazón si supieras ser látigo y dormir.


7 feb 2008

Mastúrbate


Mastúrbate
úntate cada pezón con miel
y baja el mentón, la lengua
saben dulces, toca
circularmente cada
punta morada, agrietada
o lisa
y luego acaricia el
vientre, el ombligo,
haz cine o literatura
con la mente pero no
olvides los pezones,
la miel, el dedo circular
hazlo frente al televisor
mientras te ríes
y te humillas:
mastúrbate, abandona,
cuida el clítoris como a
la piel de un niño,
escucha el viento que
suena detrás
de la ventana cerrada,
guarda tu jugo
a escondidas del mundo
y mastúrbate, que tus
piernas
comiencen a abrirse y a
cerrarse
que tu murmullo sea un
gemido ronco,
grito agudo en el aire, en el hueco que
pide penetración, contacto,
habla despacio
hazlo en silencio pero gime
aúlla
murmura aunque sea el goce
el rozarse de tu pelo en la almohada
en la alfombra en la nuca,
mastúrbate,
hasta que las rodillas tiemblen
hasta que caigan
lágrimas y suene esta vez
no un viento sino un timbre
y otro, regular la campanilla,
recién entonces
dilátate como en el parto
lubrica tu vagina, el tubo que
sigue llamando, levántalo, bájalo
introdúcelo
y escucha ahora su voz,
lejana, ajena,
y cierra tus ojos, su boca
tan adentro.

Harux y Harix han decidido no levantarse más de la cama: se aman locamente, y no pueden alejarse el uno del otro más de sesenta, setenta centímetros. Así que lo mejor es quedarse en la cama, lejos de los llamados del mundo. Está todavía el teléfono, en la mesa de luz, que a veces suena interrumpiendo sus abrazos: son los parientes que llaman para saber si todo anda bien. Pero también estas llamadas telefónicas familiares se hacen cada vez más raras y lacónicas. Los amantes se levantan solamente para ir al baño, y no siempre; la cama está toda desarreglada, las sábanas gastadas, pero ellos no se dan cuenta, cada uno inmerso en la ola azul de los ojos del otro, sus miembros místicamente entrelazados.La primera semana se alimentaron de galletitas, de las que se habían provisto abundantemente. Como se terminaron las galletitas, ahora se comen entre ellos. Anestesiados por el deseo, se arrancan grandes pedazos de carne con los dientes, entre dos besos se devoran la nariz o el dedo meñique, se beben el uno al otro la sangre; después, saciados, hacen de nuevo el amor, como pueden, y se duermen para volver a comenzar cuando se despiertan. Han perdido la cuenta de los días y de las horas. No son lindos de ver, eso es cierto, ensangrentados, descuartizados, pegajosos; pero su amor está más allá de las convenciones.

LOS AMANTES
Rodolfo Wilcock

4 dic 2007


El sexo del hombre le latió en el vientre como una serpiente viva. Entonces lo abrazó contra su cuerpo y de nuevo, sin poder evitarlo, sintió que un orgasmo le recorría las venas y se esparcía como una corriente de energía por todas las regiones de su cuerpo.


Freda Mosquera
El elegido, fragmento

17 nov 2007

Una sensación de quemadura ácida en los miembros, músculos retorcidos e incendiados, el sentimiento de ser un vidrio frágil, un miedo, una retracción ante el movimiento y el ruido. Un inconsciente desarreglo al andar, en los gestos, en los movimientos. Una voluntad tendida en perpetuidad para los más simples gestos, la renuncia al gesto simple, una fatiga sorprendente y central, una suerte de fatiga aspirante. Los movimientos a rehacer, una suerte de fatiga mortal, de fatiga espiritual en la más simple tensión muscular, el gesto de tomar, de prenderse inconscientemente a cualquier cosa, sostenida por una voluntad aplicada. Una fatiga de principio del mundo, la sensación de estar cargando el cuerpo, un sentimiento de increíble fragilidad, que se transforma en rompiente dolor, un estado de entorpecimiento doloroso, de entorpecimiento localizado en la piel, que no prohíbe ningún movimiento, pero que cambia el sentimiento interno de un miembro, y a la simple posición vertical le otorga el premio de un esfuerzo victorioso. Localizado probablemente en la piel, pero sentido como la supresión radical de un miembro y presentando al cerebro sólo imágenes de miembros filiformes y algodonosos, lejanas imágenes de miembros nunca en su sitio. La suerte de ruptura interna de la correspondencia de todos los nervios. Un vértigo en movimiento, una especie de caída oblicua acompañando cualquier esfuerzo, una coagulación de calor que encierra toda la extensión del cráneo, o se rompe a pedazos, placas de calor nunca quietas. Una exacerbación dolorosa del cráneo, una cortante presión de los nervios, la nuca empeñada en sufrir, las sienes que se cristalizan o se petrifican, una cabeza hollada por caballos. Ahora tendría que hablar de la descoporización de la realidad, de esa especie de ruptura aplicada, que parece multiplicarse ella misma entre las cosas y el sentimiento que producen en nuestro espíritu, el sitio que se toman. Esta clasificación instántanea de las cosas en las células del espíritu, existe no tanto como un orden lógico, sino como un orden sentimental, afectivo. Que ya no se hace: las cosas no tienen ya olor, no tienen sexo. Pero su orden lógico a veces se rompe por su falta de aliento afectivo. Las palabras se pudren en el llamado inconsciente del cerebro, todas las palabras por no importa qué operación mental, y sobre todo aquellas que tocan los resortes más habituales, los más activos del espíritu.

Antonin Artaud
Descripción de un estado físico,
de "El ombligo de los limbos" "

7 nov 2007


" Las chicas de Flores, tienen los ojos dulces, como las almendras azucaradas de la Confitería del Molino, y usan moños de seda que les liban las nalgas en un aleteo de mariposa. Las chicas de Flores, se pasean tomadas de los brazos, para transmitirse sus estremecimientos, y si alguien las mira en las pupilas, aprietan las piernas, de miedo de que el sexo se les caiga en la vereda. Al atardecer, todas ellas cuelgan sus pechos sin madurar del ramaje de hierro de los balcones, para que sus vestidos se empurpuren al sentirlas desnudas, y de noche, a remolque de sus mamás -empavesadas como fragatas- van a pasearse por la plaza, para que los hombres les eyaculen palabras al oído, y sus pezones fosforescentes, se enciendan y se apaguen como luciérnagas. Las chicas de Flores, viven en la angustia de que las nalgas se les pudran, como manzanas que se han dejado pasar, y el deseo de los hombres las sofoca tanto, que a veces quisieran desembarazarse de él como de un corsé, ya que no tienen el coraje de cortarse el cuerpo a pedacitos y arrojárselo, a todos los que pasan por la vereda. "


Oliverio Girondo
Exvoto, de Veinte poemas para ser leídos en el tranvía

26 oct 2007


"Hay mujeres que prefieren dejar insatisfecha a su pareja de turno antes que ser reducidas a objetos de placer. (Es historia conocida: deja a su marido, se casa con su amante y lo engaña con el jardinero.) Bueno, Lucía era todo lo contrario. No sólo ella se reducía a objeto de placer. También reducía todo lo que la rodeaba a objeto de placer, incluído yo. Como un Midas de bazar, en sus manos los músculos se transformaban en vasos de vidrio irrompible que merecían ser puestos a prueba. Vieron la película coreana "Mentiras" ? Bueno, nuestra relación era parecida a eso. Teníamos una vara de mimbre. Y a veces era yo el que le dejaba las nalgas ardiendo a ella. Es impresionante la temperatura que puede levantar la piel. Y el placer de sanar es inmenso. Empieza unos segundos después del último golpe.
Algunas tentaciones nos angustian por su novedad. A veces el goce se vuelve algo insoportable. Besar un moretón, lamer una herida.
-Me das miedo, Lucía -decía yo por teléfono, mientras me preparaba para salir a verla."


25 oct 2007

" Marluscha, la cálida mujerona húngara, se precia de su inextinguible ardor amoroso, mucho más violento que lo habitual entre sus compañeras de sexo. Ella ama ininterrumpidamente y en su imaginación no se proyecta la sucesiva serie de imágenes voluptuosas, que a los demás habitualmente nos distraen, sino que de un modo fijo y constante, permanece la efigie de un húsar moreno de puntiagudos bigotes. Claudia, la refinada francesa de apellido vulgar, distingue con su olfato hasta trescientos diez aromas diferentes. Gregoria, moza levantina de nacionalidad indeterminada, insiste en que puede resistir el peso de un campeón de grecorromana sin que se altere el ritmo de su respiración. Finalmente, Lola consagra su amor a los pájaros y habiéndoles acostumbrado a tomar alpiste entre sus labios, afirma que nada hay comparable al suave picoteo de sus aéreos tentadores. "

Luis Martín Santos
Prosas profanas (fragmento)

24 oct 2007

Cualquier demanda déstos me provoca;
mas, sobre todo, amor
tras sí me tira,
viendo mandar dos lenguas en una boca.

Una boca grande
no es falta en mujer,
que para dos lenguas
todo es menester.

Poesía erótica de los Siglos de Oro.
Edición de Pierre Alzieu, Robert Jammes e Yvan Lissorgues.
Barcelona- Crítica, 2000

13 oct 2007


"...En el albergue transitorio la distancia se deshace. El tapizado de espejos, muebles de imitación caoba, el jacuzzi a la vista, el olor a desodorante de ambiente, la música funcional, apuran la familiaridad que en cada encuentro tarda en llegar. El habla, sí, deja que su voz de bajo se expanda, como le gusta a ella.
Virginia lo desviste y se complace observando y luego repasando con la lengua la rápida erección que convierte una pija de tres centímetros en una aceptable vara de quince. Así, desnudo, él le pregunta que quiere escuchar ese día. Sin contestar, ella hunde su mano debajo de la pollera, repasa el doblez de su vagina y se concentra en el pistillo del clítoris. Siente la suave aspereza lampiña y luego la rebaba del flujo, como esmalte, en la uña. Se lleva el dedo a la boca, vuelve a hundirlo en esa conchita que ahora parece apelmazada en la carne llena del clítoris, extrae una capa gruesa de flujo y la esparce por las tetas firmes y omniscientes de El Oso."




Fragmento de "Ojo de pez"
de Oliverio Coelho ,
extractado de "En Celo", 2007.

21 sept 2007


" ¡Basta de espiar por el ojo de la cerradura!. ¡Basta de masturbarse en la oscuridad!. ¡Basta de confesiones públicas!. ¡Qué salten las puertas de sus quicios!. Quiero un mundo en el que la vagina esté representado por un rudo y honesto tajo, un mundo que sienta por los huesos y los contornos, los crudos colores primarios; un mundo que sienta miedo y respeto por sus orígenes animales. Estoy harto de ver vaginas coquetas, disfrazadas, deformadas, idealizadas. Vaginas con las puntas de los nervios al aire. No quiero ver a las muchachas vírgenes masturbándose. En el secreto de sus habitaciones, o comiéndose las uñas, o arrancándose el pelo o echadas durante todo un capítulo en una cama llena de migas de pan. Quiero los palos funerarios de Madagascar, con un animal encima de otro y en la cúspide Adán y Eva con un rudo y honesto tajo entre las piernas. Quiero hermafroditas que sean verdaderos hermafroditas, y no falsarios que caminan con penes atrofiados y vaginas secas. Quiero una pureza clásica, donde la porquería sea porquería y los ángeles sean ángeles. "

Henry Miller
Primavera negra (fragmento)